Gina, Petro y Peñalosa / GENTE

¿Qué piensan, qué hacen, qué disfrutan, qué aman y qué no soportan los candidatos con mayor opción a ocupar el segundo puesto más importante de Colombia, el de alcalde mayor de Bogotá? Revista GENTE los acompañó por la ciudad y encontró reveladores rasgos del gobernante que decidirá el destino cotidiano de los habitantes de la capital del país (artículo publicado en la actual edición de Revista GENTE Colombia; octubre de 2011)

Gina, Petro y Peñalosa. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot y Mónica Meléndez

 Enrique y Gustavo / Caminos distintos

El uno es un excelente urbanista, el otro es un político valiente que destapó las mafias rurales; el uno ama los dulces, el otro no puede ni verlos; el uno siempre ha creído que el socialismo es un fracaso, el otro se echó al monte para hacer la revolución. Ambos, eso sí, son inteligentes y sueñan con ganar la alcaldía de Bogotá

El día que Enrique Peñalosa decidió acompañar a la alcaldesa de Bogotá, Clara López, a un plantón en protesta por el asesinato de un niño apuñaleado en el río Tunjuelito, le fue mal. Cuando llegó le gritaron oportunista. Peñalosa contuvo la respiración y se marchó luego de recordar –en tono fuerte– que ese barrio fue un proyecto de su pasada alcaldía. “No tengan mala memoria”, dijo. Mostró su mejor sonrisa y con estoicismo –en algo le ayudan sus 1,94 metros de estatura–, caminó por el sector durante cuatro horas.

Peñalosa abraza emocionado a los que le piden fotos, alza a los niños, gambetea y hasta aprovecha los semáforos en rojo para treparse a los buses. Cualquiera pensaría que hace bien su trabajo como político, algo que él mismo ha puesto en duda. “Como creo que soy buen alcalde, creo que soy mal político”, ha dicho. Por esta vez, la simpatía –con la que arrasó Samuel Moreno en la pasada contienda– es un asunto superado. “Muchos dicen que no escucha, lo hace, sí, pero con argumentos”, dice Andrés Pacheco que lo conoce hace 20 años. Y agrega: “Lo que pasa es que no es capaz de decir algo en lo que no cree”. Así sea para ganar votos.

Enrique Peñalosa / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

El día siguiente, Gustavo Petro enfiló baterías hacia Ciudad Bolívar, también al sur de Bogotá. A las 11 de la mañana empezó su recorrido en el barrio Candelaria La Nueva, con una hora de retraso. La puntualidad no ha sido su mayor cualidad y su sonrisa no es tan amplia como la de Peñalosa. Sus amigos dicen que le cambia totalmente cuando está con su familia. En público, hace su mejor esfuerzo: saludó, alzó a los niños, tomó salpicón y entregó a todos su periódico en donde expone su programa.

Quienes lo conocen, afirman que verlo en campaña es como ver a otro. No por lo que piensa sino por cómo se comunica con la gente. “Era muy tímido, pero eso ha venido evolucionando”, dice Daniel García-Peña, su amigo y jefe político en esta pelea por la alcaldía. Resulta extraño, pero lo que muy pocos saben es que a pesar de que Petro es solitario y callado, se siente cómodo con las multitudes.

Cachaco vs. costeño

Petro y Peñalosa viven a pocas cuadras de distancia en un barrio de estrato alto en Bogotá. Sus apartamentos superan los 200 metros cuadrados. Pero esto es solo una coincidencia, porque los caminos que han recorrido son muy diferentes. Toda la familia del candidato del Movimiento Progresistas nació en San Pelayo, Córdoba, la tierra del porro. Y él, en Ciénaga de Oro, un pueblo vecino. Desde muy pequeño llegó a Bogotá y luego creció en Zipaquirá. Sin embargo, Petro dice que aunque culturalmente no es costeño, le queda lo bailado. “Es tan buen bailarín que se lo pelean mis amigas”, dice Verónica, su tercera esposa.

De la Bogotá de su infancia tiene el recuerdo de los churros con chocolate que comía en Chapinero y una sala de cine que se llamaba Escala. Lo demás ocurrió en Zipaquirá, donde se formó en un colegio de curas –el mismo de Gabriel García Márquez– y fue famoso por sacar el segundo Icfes del país. En ese pueblo empezó a devorar libros porque era lo que hacía su papá, aunque sus lecturas no tenían que ver con la aventura sino con pensadores como Rousseau.

Gustavo Petro / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Allí también descubrió su pasión por la política. Petro aún recuerda el día en que llegó el periódico a su casa con la foto del ‘Che’ muerto y cuando su papá tuvo una enorme decepción porque a Rojas Pinilla le habían robado las elecciones frente a Misael Pastrana. Eso lo marcó.

Pero mientras esto ocurría con Petro, quien tuvo líos con los curas por indignarse cuando derrocaron a Allende, Peñalosa, que nació en Washington, tenía 16 años. Había crecido en Chapinero y se había enfrentado a sus compañeros porque su papá, que fue el primer gerente del Incora “se convirtió en una amenaza muy grande para los latifundistas”. Muchos de los incorados eran papás de sus compañeros de clase, así que desde pequeño escuchó hablar de igualdad y desarrollo económico. Lo hizo mientras coleccionaba insectos y leía a Julio Verne.

La primera vez que Peñalosa fue al mar, tenía 13 años y solo regresó a Estados Unidos cuando cumplió los 15. “Es curioso porque en Bogotá hay la leyenda de que Peñalosa es un oligarca, pero nunca mi familia fue socia de un club, ni tuvo finca”. Y si Petro sobresalía por ser un estudiante brillante, Peñalosa tuvo que valerse del fútbol para lograr una beca en la Universidad de Duke (Estados Unidos), donde se graduó como economista. De esos años, Peñalosa afirma que se dio cuenta de que el socialismo y el comunismo eran un fracaso, que el desarrollo económico iba a llegar de todas maneras y que lo más importante era cómo se hacían las ciudades.

Revolucionario vs. soñador

Si el candidato del Partido Verde no hubiera sido político y urbanista, con seguridad sería cineasta. Así es. Inició sus estudios en París, pero luego se decidió por la administración pública. Hasta escribió el libreto de Amándote, una telenovela que fue famosa en Colombia durante los 80. En cambio, Petro, siempre ha sido un político en estado puro. Hace 28 años, Jaime Gómez conoció a Petro cuando era un muchachito flaco que usaba jeans, botas viejas y andaba siempre con las manos entre los bolsillos. A los 22 años ya era el Personero de Zipaquirá. “Hablaba de que la paz consistía en solucionarle los problemas a la gente. No gritaba. Lo que hacía era proponer soluciones”. Como Peñalosa –que le lleva seis años–, Petro estudió economía en la Universidad Externado de Colombia, donde no lo sedujo ese mundo de izquierda de los estudiantes bogotanos. En Zipaquirá sí. “Mis vecinos eran obreros y si caminaba cinco cuadras encontraba la pobreza”. Así llegó al M-19 y se convirtió en ‘Aureliano’, el mítico nombre del personaje de Gabo que él usaría en la clandestinidad.

Gustavo Petro en campaña / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Es casi una leyenda cómo se tomó un terreno que era de los curas para que lo ocuparan familias pobres de Zipaquirá. Fue en Corinto (Cauca) donde Petro se encontró por primera vez con la guerrilla rural. “La encontré radical: era vencer o morir”. Por fortuna, vino el proceso de paz, que promovió, aunque luego lo capturaron y estuvo preso.

Por su parte, Peñalosa era nombrado como uno de los ejecutivos jóvenes más sobresalientes de Colombia. Fue decano de economía en el Externado, director de planeación de Cundinamarca y secretario económico de Virgilio Barco. Y al mismo tiempo, manejó un cultivo de tomates. Los que no lograba vender, los subía a su Renault 4, que parqueaba al frente de Carulla. De ahí sacó la idea –cuando comenzó en la política– de salir a repartir volantes. Dice que nadie lo había hecho y que fue el primero en poner una foto sonriente en una publicidad política.

A los 32 años tomó la decisión: “No iba a ser un funcionario para siempre, necesitaba votos y todos los cargos anteriores me sirvieron para conocer la ciudad”. Bogotá se le convirtió en una obsesión. Su gran amigo Andrés Pacheco, que lo conoció cuando Peñalosa era profesor, dice que siempre lo escuchó hablar de políticas públicas y del transporte masivo que luego se convertiría en TransMilenio. “Era un soñador”.

Ese fue el año de la Constituyente. Peñalosa se lanzó por primera vez a la alcaldía –esta es su quinta vez–. Era un principiante y Jaime Castro le ganó. Petro ya se había desmovilizado. Daniel García-Peña lo conoció en esa época y recuerda que sobresalía por su lucidez dentro del movimiento político en que se convirtió el M-19. “No tenía pinta de guerrillero sino de nerd”. De esa época, Petro conserva lo que para sus amigos es una obsesión: ser el dueño de la propuesta. Pero eso no quiere decir, como muchos afirman, que toma decisiones solo. “Petro no es sectario, si tienes argumentos, te escucha”, dice García-Peña.

Enrique Peñalosa en campaña / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Exalcalde vs. excongresista

Cuando puede, Peñalosa sube dos veces por semana a La Calera, en bicicleta. Es un viejo hábito que cultivó desde los 80, cuando con su esposa madrugaban a contar a los que utilizaban bicicleta vía a Mosquera.

Aunque parecía una locura, Peñalosa sabía lo que hacía. Al segundo intento a la alcaldía, Mockus le ganó, pero la tercera fue la vencida. De su administración le queda un título que nadie le niega: le cambió la cara a Bogotá. La transformó con el TransMilenio, las megabibliotecas y las ciclorrutas. Fue un alcalde constructor. Pero el cemento es algo en que lo encasillan. “Yo fui la persona que en Bogotá empezó a hacer cosas para el ser humano. Cemento sí, pero para aceras”, es su defensa. Zoraida Rozo, que fue su segunda a bordo durante la alcaldía, dice que es un obsesivo con el espacio público. “Andaba con su libreta de contravenciones y hasta le puso un parte a un ministro. Además, tenía una máquina para tumbar –él mismo– los pasacalle”.  Peñalosa no duda en afirmar que es uno de los urbanistas más influyentes del mundo, algo por lo que también lo tildan de prepotente. Sin embargo, los que lo conocen aseguran que se burla de los que se van en la silla de atrás del chofer. “Le parece ridículo marcar la diferencia”. Y es muy cercano a la gente, dice un peñalosista.

Y mientras Peñalosa era alcalde, Petro también hacía lo suyo aunque sin montar en bicicleta. Por eso sus amigos dicen que si camina, es para seguir pensando y que la única vez que lo vieron jugando fútbol fue estando preso. Su estrellato comenzó en la Cámara de Representantes, donde se hizo famoso por sus debates contra la corrupción y luego al denunciar el paramilitarismo. Inclusive, le hizo uno a Peñalosa, por las losas de TransMilenio.

Desde entonces, Petro ha tenido una silla en el Congreso. Pero su arrojo le ha traído muchos problemas. Lo han ‘chuzado’ y amenazado de muerte desde hace una década. Y lo que al comienzo fue motivo de orgullo, en la era de Álvaro Uribe se convirtió en su talón de Aquiles. Su pasado como guerrillero es lo que más le critican hoy los electores, algo que para él tiene una razón: “Si le preguntas a un joven que ni siquiera nació en esa época, su visión es la que les contó Uribe”.  Paradójicamente, la historia los volvió a poner de frente porque Uribe apoya hoy en público a Peñalosa.

La gente se acostumbró a verlo con una gabardina blindada, mientras dormía con una ametralladora debajo de la cama. No se armó siendo guerrillero, pero tuvo que hacerlo cuando se les enfrentó a los parapolíticos. Pero se aburrió. “Yo no hice la paz para esto”, le dijo a GENTE. Ahora, en campaña, debajo de esa chaqueta blanca de Progresistas, solo lleva su camisa. ¿El peligró pasó? Petro dice que no. ¿Qué si vive con miedo? Claro, pero no se acobarda.

Gustavo Petro / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Progresista vs. Verde

El candidato del Partido Verde se escuda en que Petro sólo tiene experiencia como congresista y que no ha administrado ni un parqueadero, comparándolo con Samuel Moreno, quien hoy está preso por el ‘carrusel de la contratación’. Petro, por su parte, ha dicho que si lo que quieren es convertir a Bogotá en una empresa privada, “entonces no hagan elecciones y contraten a un gerente”.

Para Petro, Bogotá tiene dos retos. Uno es el cambio climático. “Lo que ha hecho la ciudad es depredar”. El otro tiene que ver con acabar con la segregación social, por eso ha repetido hasta el cansancio que primero los cerebros que el cemento. Peñalosa, en cambio, dice que la mitad de Bogotá está por construir. Sueña con hacer un parque en Tominé. También un teleférico desde Usaquén a La Calera y cientos de kilómetros de vías peatonales para bicicletas. “Aquí piensan en metros, en autopistas, pero lo que realmente necesitamos es espacio público”.

Enrique Peñalosa / Fotografía: Pilar Mejía © Revista GENTE Colombia

Sin duda, polos opuestos. Hasta en los pequeños detalles. Petro tiene seis hijos con tres mujeres –ya se hizo la vasectomía– y su sueldo se le va en sostenerlos. Le gusta el ají y desde pequeño le huye al dulce. Ni siquiera lo seduce el chocolate. En cambio, Peñalosa tiene un escondite donde guarda sus preferidos: las trufas Lindt, azules y rojas. Petro nunca ha fumado, tiene muy pocos buenos amigos y se la pasa pegado a su BlackBerry interactuando con sus seguidores en las redes sociales. Y si a alguien admira, es a Bolívar, del que colecciona cuadros.

Peñalosa le dice ‘novia’ a su esposa Liliana Sánchez, con quien acaba de renovar votos luego de 30 años de casados. Dejó de correr por culpa de una molestia en su espalda y tiene un mal recuerdo de la niñez: se voló la falange del dedo índice con un volador. Es adicto a la Coca-Cola Light y también es creyente. En su casa y en su sede política mantiene una veladora prendida. Por su parte, Petro lleva en el cuello una cadena de oro de La Milagrosa que le regaló su esposa y que prefiere llamar ‘la cadena de los afectos’.

¿Qué los aleja más? Peñalosa dice que el amor por la ciudad. “Para él (Petro) esto es, simplemente, un paso más en su carrera política”. Petro lo resume en dos modelos de ciudad. La de Peñalosa es del siglo XX y la de él, del siglo XXI.

 Gina Parody: ”Encontré a mi pareja de baile”

La única mujer que en Bogotá sueña con llegar a la alcaldía anda ahora feliz abrazada al exalcalde Antanas Mockus. GENTE quiso conocer su faceta más personal, por eso la sorprendimos con unas preguntas distintas y divertidas

Gina Parody y Antanas Mockus / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

 GENTE: Estamos en la recta final de la campaña, cuéntenos ¿cuál es su miedo más grande?

–Le voy a hablar del ámbito político. Y aquí le confieso que mi miedo es que no ganemos la lucha contra la violencia y la corrupción, que nos gane el “todo vale”. Sin embargo, hoy me siento fuerte por la alianza con Antanas. En esta cada uno aporta lo mejor de sí. Para conquistar el corazón de los bogotanos y que nos ayuden a que la confianza y la transparencia venzan.

GENTE: ¿Es verdad que Peñalosa es el candidato de Uribe y Gina de Juan Manuel Santos?

–¡Ah no!, eso sí hay que preguntárselo al Presidente, que no creo que lo pueda decir porque incurriría en una ilegalidad. Tenemos una cercanía de muchos años porque nos tuvimos confianza en lo político.

GENTE: Pero, ¿qué tan cerca está el Palacio Liévano de la Casa de Nariño?

–Muy cerca, y esa cercanía es fundamental.

GENTE: Para llegar al Palacio Lievano debe vencer a sus contrincantes. A propósito, ¿qué se siente competir contra un grupo en donde solo hay hombres?

–Pues es ver cómo los derechos de la mujer todavía están rezagados en la política colombiana, y esa es la gran puerta que abrió Antanas en Bogotá. Dijo: “Le abro la puerta a la nueva generación y a la mujer”, y eso toda la vida se lo vamos a tener que agradecer a él las mujeres en Colombia.

GENTE: Hablemos de Bogotá, ¿a qué no le pondría pico y placa?

–A las motos. Para los vehículos haría una cosa que se llama el Pico y Placa Voluntario, que es un elemento de cultura ciudadana. Que la gente por sí misma diga: “Hoy mismo yo me pongo mi pico y placa”, sin que haya una ley que se lo obligue.

GENTE: ¿Y qué es lo más feo de Bogotá?

–Pues en este momento Antanas me propuso ponerme unas gafas para ver todo positivo y sacar lo mejor de sí. Hay mucho por hacer por Bogotá, pero viéndolo desde el plano positivo.

Gina Parody / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

GENTE: ¿Si usted ganara 19 millones de pesos al mes le alcanzaría para tanquear dos carros?

–Por supuesto. Y más, cuando se trata de recursos de los colombianos, eso es sagrado y hay que tener mucho cuidado con cómo se tratan.

 GENTE: ¿Usted cree que una persona que gana 190 mil pesos mensuales ya no es pobre?

–Es una discusión política y técnica. En el plano técnico hay que trazar una línea de pobreza para poder combatir la pobreza extrema, y esa línea la trazaron en 190 mil. En  el plano político lo que tenemos es que hacer crecer la ciudad, que significa trabajo formal, y, por tanto, los 190 mil pesos son una miseria. Son dos planos distintos pero complementarios.

GENTE: Todas las encuestas apuntan que la pelea por la alcaldía está entre usted, Peñalosa y Petro. Así que, aquí entre nos, si no es usted, ¿a cuál de los dos prefiere?

–Nosotros estamos haciendo una alianza para sacar lo mejor de Mockus, lo mejor de Gina. Y lo que queremos es que nadie vote en contra de, por eso tenemos esas gafas “de ver lo mejor de”, que la gente pueda ver lo mejor de Peñalosa, lo mejor de Petro, y lo mejor de nosotros, que es “lo mejor de lo mejor”.

GENTE: ¿Le parece si nos revela algunas cosas suyas muy personales?

–Por supuesto. Adelante.

GENTE: ¿Cuál olor la transporta a la infancia?

–El chocolate. Como chocolate todo el día.

GENTE: ¿Y cuál ha sido su mayor atrevimiento?

–Una vez cuando era chiquita fui a una tienda y pagué con monedas de monopolio.

GENTE: ¿Usted hace decenas de discursos, pero revélenos cuáles son las frases que más utiliza?

–“La transformación de la política”, “los resultados son importantes, pero los medios son aún más importantes”, “la igualdad en el acceso a las oportunidades”. Y de Gina: “valiente, independiente, orgullosa” y aunque no lo crean, “tímida”.

GENTE: ¿Y actualmente cómo definiría su estado actual de ánimo?

–Feliz, decidida a trabajar y dar lo mejor de mí.

GENTE: ¿Cuál es su posesión más preciada?

–Mi alma.

GENTE: ¿Cuál considera que es la peor miseria?

–La que veo en Bogotá diariamente, cuando salgo a caminar por las calles. Veo que la ciudad necesita crecer económicamente para aumentar los ingresos de los ciudadanos.

 GENTE: ¿Cuál es la mejor cualidad de una mujer?

–Ser mujer.

 GENTE: ¿Y de un hombre?

–La honestidad.

GENTE: ¿Quién es su héroe de ficción?

–La mujer maravilla. Y el de no ficción, el real, Antanas.

GENTE: ¿Dónde y cuándo es feliz?

–Soy feliz muchas veces al día, pero hasta para ser feliz hay que tener disciplina, estar permanentemente en el presente, gozándose la vida aquí y ahora.

GENTE: ¿Quién es el más grande amor de su vida?

–Mi sobrina Alejandra.

GENTE: ¿Qué no perdonaría?

–No, yo perdono todo. Por una razón un poco egoísta y es que no me gusta tener resentimientos, me hacen mucho daño.

GENTE: ¿Qué la hace reír?

–¡Uff!, mi sobrina, y Antanas me hace reír desde que lo veo hasta que me despido de él.

GENTE: ¿Y llorar?

–Las emociones, tanto las felices como las tristes.

GENTE: ¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

–Hoy me enfrento al mayor reto que he tenido en mi carrera pública, con la confianza de Antanas.

GENTE: ¿Cuál ha sido el mejor piropo?

–Pues en la Costa cuando uno camina por las murallas que le dicen: “¡Mami!, ¡mami!”, yo nunca he entendido por qué le dicen así a uno, ¿qué es?

GENTE: ¿Es Antanas Mockus su pareja perfecta?

–Yo creo que la pareja ideal de Antanas se llama Adriana Córdoba (la esposa). Pero le oí el otro día a alguien algo divino: cuando uno encuentra la pareja perfecta, baila con ella toda la vida. Y toca estar en ese baile.

Notas Archivo: Más de Gustavo Petro en el perfil publicado por Revista GENTE Colombia en Mayo del 2009. Más sobre Enrique Peñalosa, en aquel momento con los llamados ‘Tres tenores”, artículo publicado en septiembre de 2009. Nuestro director entrevistó a Gina Parody el pasado mes de junio.

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Madonna / GENTE / Fragmento

Madonna / ©Steven Meisel / Art + Commerce

Nos han escrito de Bulgaria, Italia y Perú a preguntarnos por el tema de Madonna. Solo la gran ‘Reina del Pop’ puede generar esto. Publicamos aquí un extracto del tema de la portada de noviembre (en circulación) de Revista GENTE Colombia. Escrito por Mario Amaya, especial para GENTE, en Toronto (Canadá).

Todos hablamos en voz baja, como si estuviéramos en una catedral. Son las tres de la tarde de un lunes otoñal y en uno de los salones más grandes del Hotel Park Hyatt, ubicado en el exclusivo sector de Yorkville, en Toronto (Canadá), solo se escuchan murmullos. Hay un zumbido de publicistas que se mueven como abejas en una colmena, llevan sus smartphones pegados a las manos a la espera de una vibración, una señal que les indique que la ‘Reina’ está a punto de entrar al recinto. Hay tipos misteriosos de trajes negros que te auscultan con sus miradas; son el destacamento de seguridad. Es un cálido atardecer. “¿Tardará mucho en llegar?”, pregunta alguien desde el fondo del corredor. “No mucho”, le responden. Pero se tomará su tiempo. A sus 53 años, Madonna Louis Verónica Ciccone maneja su propio reloj. Ella no gira con el planeta como los demás mortales; el planeta gira en torno de ella. No es una frase de cajón, es pura matemática: más de 300 millones de discos vendidos, 29 años de éxitos y escándalos –en 1982 comenzó su carrera oficial al firmar con Sire Records–, 408 millones de dólares recaudados con su Sticky & Sweet Tour –que terminó en septiembre de 2009 y se convirtió en la gira más rentable de todos los tiempos para una solista–. Madonna es dinero. En el listado de la revista Forbes se ubica entre las 10 celebridades más poderosas del mundo. Pero Madonna también es sexo (este, al fin y al cabo, trae dinero). Es la mujer que se masturbaba y gemía como animal en celo en los recitales del Blond Ambition Tour, la que por un puñado de dólares posó desnuda sin saber que sus fotografías las aprovecharían Playboy y Penthouse, esa que en 1992 dio a conocer su manual de fantasías sexuales en el libro Sex –retratada por su amigo Steven Meisel, el mismo autor del editorial fotográfico que acompaña este reportaje de GENTE– lanzado casi a la par con su disco Erotica. Madonna es una sobreviviente, una de las pocas estrellas que iluminó los ochenta y no perdió brillo en las décadas siguientes –quizá Prince pueda decir lo mismo–. Qué equivocado estaba aquel editor de Billboard que en 1985 dijo: “Cyndi Lauper seguirá vigente por mucho tiempo. Madonna estará fuera de este negocio en unos seis meses”. Ella sabe que sus frases y actitudes causan conmoción: “No me hubiera gustado tener un pene, habría sido como tener una tercera pierna”, dijo en una entrevista; pero, así como su pupila, Lady Gaga, su locura y su arrebato son producto de un plan cuidado para conquistar el planeta y escandalizar puritanos. Dos papas de Roma la vieron como si fuera el demonio. Juan Pablo II, en 1990, escandalizado ante su inmoralidad, les pidió a sus feligreses que no fueran a verla a sus conciertos. Luego, Benedicto XVI se molestó porque la cantante usaba una cruz en sus recitales. Ella, en 2008, cantando en la capital italiana dijo: “Le dedico esta canción al Papa”, era Like a Virgin. Con el paso del tiempo se confirmó que en la guerra contra Madonna, Dios siempre ha perdido.

 La corte de la ‘Reina’

Después de una espera tediosa, son casi las cuatro de la tarde, los murmullos del salón se multiplican. Una de las asistentes se aproxima y dice en voz baja y con una venia que: “Madonna ya está aquí”. Se escucha un creciente ruido de zapatos y tacones que golpean el piso. ‘Madge’ –como le dicen en Inglaterra– entra al salón acompañada de cinco guardaespaldas. Dos se quedan con ella; los tres restantes se sitúan en rincones estratégicos de la espaciosa habitación. El lugar está ambientado con afiches y material promocional de W.E. la película que ella escribió, dirigió y acaba de presentar en el Tiff (Festival Internacional de Cine de Toronto). La ‘ambición rubia’ sonríe, está impecablemente maquillada… (lea todo el reportaje en la actual edición impresa de Revista GENTE Colombia, en circulación)

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Margarita Rosa de Francisco en GENTE

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

 La protagonista de ‘Correo de inocentes’ iba al psicoanalista a los ocho años porque le parecía raro existir. Hoy, a sus 46, la actriz caleña (quizá la más querida por los colombianos) dice que tiene menos angustias y que está en paz consigo misma. En una serie de íntimas conversaciones con GENTE la creadora del musical ‘A solas’ habló de su pánico escénico, del desgaste de la fama y de cómo se enamoró por BlackBerry de su actual pareja, el fotógrafo holandés Will van der Vlugt (tema de portada de la edición de septiembre de 2011 de Revista GENTE Colombia)

Por Sergio Ramírez / Fotografía: Ricardo Pinzón

Mira con intensidad al hombre sentado en la silla. Quiere decirle lo que piensa, aprovechar que está ahí, que no puede irse, que tiene que escucharla. “Me zafó –ha confesado minutos antes–, para que vean que a uno también le pasa, y me echó el clásico cuento de que yo merecía alguien mejor que él y todo eso”. Ahora lo tiene al frente, solo, en su terreno, y no lo va a dejar ir. Se da la vuelta, se sienta en la silla, mira al frente. “¿Será que quiero que no me amen, que no me cumplan, que me maltraten sin pena y que les valga madre mis benditas cualidades?; ¿por eso elijo los más patanes, los presumidos, los más cobardes, los que prefieren nunca entregarse, porque les da miedo equivocarse?”. La escena no es real, el hombre no existe (bueno, existió, pero no está allí). En el escenario del teatro hay una silla vacía, mientras Margarita Rosa de Francisco Baquero interpreta El reclamo, una de las canciones que forman parte de su espectáculo unipersonal A solas. “La historia es real. Tuve un novio que me dejó, me ardió, me dio durísimo y la canción expresa la rabia que le da a uno que lo dejen”.

¿La dejó? ¿A Margarita Rosa? ¿La que alguna vez fue catalogada como la novia de Colombia? ¿La que, dicen algunos, debió haber sido señorita Colombia? “Llegó un momento en que realmente creí que lo del amor no era para mí; estaba convencida de que había perdido la opción de encontrar a alguien. Llevaba como cuatro años sola, metiéndome en cosas breves, pero nada que ver. Estaba hasta preocupada, porque mientras pasaba el mal trago de este personaje que me dejó, veía que otra gente sí encontraba una buena pareja. Empecé a preguntarme si el problema era mío, o si es que era rara”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Niña trascendental

Desde pequeña se destacó por sus profundas reflexiones. Era una niña trascendental que se preguntaba por el objetivo de su paso por el mundo y se veía a sí misma como un grano de arena en la inmensidad del universo. Su interés por temas poco comunes para su edad era tal que sorprendió a todos cuando aceptó algo tan mundano como el título de Señorita Valle. “Nunca nos lo imaginamos –asegura su amiga de la infancia Julia Fernández de Soto–. Ser reina no formaba parte de sus sueños. Yo la veía en el arte: pintando, cantando, componiendo o bailando, pero no de reina”. A los 19 años representó al Valle del Cauca en el Concurso Nacional de Belleza (ocupando el segundo lugar, en contra de los deseos de gran parte del público y la prensa especializada que la daban como favorita).

Para muchos de quienes la han visto en la televisión, Margarita Rosa ha tenido una vida envidiable, relajada, llena de glamour, éxitos, alfombras rojas y reconocimientos. Sin embargo, aquellos que la conocen desde niña, saben que para ella nada ha sido tan fácil y despreocupado. “Margarita siempre ha sido muy reflexiva –recuerda su hermana mayor, Adriana–. De los tres (Adriana, Margarita y Martín; hijos de Gerardo y Mercedes) es la más introspectiva. Todo el tiempo está volcando sus pensamientos hacia la existencia. Desde muy chiquita siempre se hacía preguntas como ¿por qué estamos acá?, ¿cuál es el propósito de la vida?”.

Margarita mira hacia el piso. Un tímido sol entra por los inmensos ventanales de su blanco apartamento en un exclusivo edificio enclavado en los cerros nororientales de Bogotá. “Desde pequeña vivía como con una angustia abstracta. No era que le tuviera miedo a algo. No, era miedo a ser. Es que existir me parecía raro”. Su madre, la diseñadora Mercedes Baquero, pensó que la mejor forma de canalizar las inquietudes de sus hijos era el psicoanálisis. “Y por eso comencé a ir al psicoanalista desde muy chiquita, como desde los ocho años”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Desde entonces, esa angustia se mantuvo a su lado incluso en los momentos de mayor éxito. A mediados de los 90 la telenovela Café, con aroma de mujer se convirtió en un fenómeno de audiencia. Colombia se paralizaba cada noche para seguir las aventuras de la recolectora y Margarita Rosa se consolidaba como el personaje más popular del país. “Y yo vivía angustiada por todo, una angustia existencial. Si tenía que hacer una entrevista o ir a una fiesta y había mucha gente, me sentía agobiada, perseguida; me preocupaba lo que las personas pensaran de mí, lo que fueran a decir, la forma como me veían”. Para completar, el que era su verdadero gran sueño se hizo realidad, pero en un personaje de ficción. “Yo sólo pensaba cantar el tema del cabezote de la novela y de pronto era un gran éxito”. Uno que la obligó a dar conciertos, giras, más entrevistas, defendiendo un personaje que no era ella. “Yo siempre quise ser músico, más que cualquier otra cosa, y terminé teniendo éxito con una música muy linda, pero que no era la mía; incluso me tenía que imaginar que era Gaviota en los conciertos, porque si pensaba que era yo, no lo hacía”.

Aunque parezca mentira, después de años de desempeñar todo tipo de roles, Margarita Rosa asegura que sufre de pánico escénico, una sensación de indefensión que se multiplica cuando tiene algún trabajo en directo. “Siempre le he tenido temor a todo lo que es en vivo. Cuando era presentadora de noticias (trabajó en 24 horas en 1987) cada noche era una tortura, hasta que me tocó hablar con el presidente de la programadora y renuncié”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Es la gala final de El Desafío 2011 y una de sus más angustiantes pesadillas parece convertirse en realidad. No se escucha nada por el pequeño audífono mediante el cual le dictan las instrucciones durante la transmisión. Pocos minutos después, el silencio da paso al caos: las órdenes se suceden, se contradicen; está al aire, en directo ante millones de personas, y nadie parece saber qué tiene que hacer. Quienes la ven en pantalla piensan que Margarita se quedó en blanco, que olvidó lo que tenía que decir; ella, mientras sonríe, trata de definir qué hacer en medio de las órdenes y contraórdenes. Hace algunos años habría entrado en pánico, hoy, además de decidir que difícilmente volverá a hacer una presentación de este tipo, atraviesa el impase lo mejor posible y sigue adelante. “Siempre he tenido como un ángel por ahí que me rescata, pero la he pasado mal con eso. Ahora me va mejor, me he ido calmando. Creo que A solas ha tenido mucho que ver, porque me tocó echarme al agua muchas veces, estar expuesta a que pasaran cantidad de imprevistos, y pasaron, y no fue tan terrible, no me morí, la carrera no se acabó”.

Lección de humildad

Margarita Rosa asegura que A solas fue la manera que encontró para darle rienda suelta a su pasión por la música. Después de 20 años de carrera decidió que era el momento de hablar de sí misma, de enfrentarse a sus fantasmas y salir adelante. “Es una obra para las canciones, y es la primera vez en mi vida que me hago responsable de lo que escribo. Fue la forma que encontré para darle a lo que compongo un tratamiento diferente, porque nunca me he sentido parte de ese movimiento que tiene claro qué es lo que hay que hacer para que la música se escuche”.

“Todo es gracias a su mamá”, asegura Gerardo de Francisco. Fue Mercedes, sostiene, quien puso a sus hijos a escuchar música brasileña, cubana, jazz. Para Margarita, sin embargo, su padre es un símbolo de su amor por las canciones. “Él era como la estrella de todas las fiestas, es tan buen cantante”, asegura con admiración. Ese ambiente bohemio de su casa la convenció desde siempre de que su futuro estaría en la música. Pero la vida tiene sus propios caminos. “No sé qué fue lo que pasó, pero la música se me fue volviendo un tabú mientras que las cosas en la actuación se me dieron más fácil y al final el estatus que he tenido como actriz ha aplastado el que hubiera querido tener como compositora y cantante; aunque finalmente tampoco es que haya hecho mucha fuerza para posicionarme como cantautora. Quizás nunca me he tenido mucha fe”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

En una esquina de su apartamento, un viejo piano Yamaha, que pintó de blanco como el resto de los muebles, parece recordarle que, a pesar de todo, es posible que la música haya sido su salvación. Su angustia crecía con los años y el éxito. Tras el impactante fenómeno de Café vinieron otros papeles que marcaron historia: Antonia Miranda en Hombres o Bernarda Cutiño en La caponera, pero su desasosiego no disminuía, hasta que optó por darle un nuevo sentido a su vida. “Decidí estudiar música, y es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Venía de hacer La caponera, y seguía componiendo convencida de que tenía buenas ideas, pero me faltaba técnica”. Un día se atrevió y habló con el director del departamento de Música de la Universidad Javeriana. “Tenía 37 años y no sabía si era demasiado tarde”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Empezó de cero, con los jovencitos de nivelación. “No sólo fue una lección de humildad sino que me demostró que hay que parar de vez en cuando, que no se acaba el mundo si uno se detiene a pensar en qué está”. Estudió dos años en la Javeriana y otros dos en la New World School of The Arts en Miami. Desapareció 10 años de la televisión y se dedicó a rehacer su vida. “Ya no tengo la preocupación de llegar a ningún lado profesionalmente. No me desvelan ni Hollywood ni Europa, lo que quiero es acceder a proyectos refinados, donde pueda recrear los personajes, que estéticamente sean hermosos. Me tomé un tiempo para prepararme, para estudiar, para reflexionar, hice películas (Fidel, Adiós Ana Elisa, Paraíso Travel, García) y dije muchas veces que no”.

No encontraba nada que realmente la emocionara, hasta que llegó Correo de Inocentes. “Había una propuesta diferente. Me imagino que, como en todos los proyectos en los que uno arriesga, hay cosas que resultan y otras que no, pero sí creo que se plantea una estética diferente, otra forma de hacer televisión, y eso sí me interesó”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Así como llegaron de nuevo la música y la actuación, de repente, producto de una decisión, también llegó el amor. “Por alguna razón, cuando comencé a hacer A solas se me olvidó el cuento ese de la pareja y un día asumí que me iba a quedar sola en la vida y que eso tampoco estaba mal, y comencé realmente a disfrutar mis momentos de soledad”. No le importaba estar un sábado en la noche sola en su apartamento viendo televisión, metida entre las cobijas y ‘canaleando’, cuando un amigo le escribió por el chat de Blackberry diciéndole que estaba en Bahamas con un tipo a quien le gustaría que conociera. “Le dije: ‘y por qué no me lo presentás de una vez’”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Fueron dos semanas de conversaciones escritas, antes de escucharse la voz, y algunos días más antes de verse las caras frente a frente. Desde entonces, han pasado dos años. Se llama Will van der Vlugt, es holandés, separado, productor de comerciales, y fotógrafo. Ahora, todo el apartamento está lleno de fotografías de Margarita tomadas por Will. Unas en blanco y negro en alguna playa del Caribe, otra inmensa en una de las paredes principales del salón. Ella, sobre el escenario, de espaldas a la cámara, llena de fuerza, brillando en un mar de luces púrpura. Todo eso la puso a pensar que, quizás, no tendría por qué quedarse sola. “Uno no puede  cantar victoria, pero estoy bien. Es un hombre increíble con el que compartimos el mismo concepto de vida, tenemos el mismo ritmo. Él también trabaja mucho, así que nos encontramos 15 días y luego se va. Con el tiempo uno también aprende cuál es su formato de pareja. Yo ya sé que el matrimonio no es el mío. Así como algunas dicen que no van a ser novias eternas, a mí me parece ideal. Es divertido. No quiero tener nada que me ate a esa persona fuera del amor y el gusto”.

Así, con esa seguridad, afirma que a los 46 años, recién cumplidos, está en el mejor momento de su vida. “He sentido más libertad ahora que cuando estaba más joven; es liberador no estar pendiente del ángulo, de la apariencia, prefiero la serenidad que poseo hoy. Ya no tengo necesidad de demostrarle nada a nadie, de proyectar algo especial o verme más joven o más bonita de lo que soy. Cada vez me persigue menos el ‘deber ser’”. Ahora tiene menos angustias. “Igual sigo teniendo un pensamiento existencialista y me puedo levantar un lunes pensando que la vida no tiene sentido”, y sus más allegados son testigos de su evolución. “La veo como nunca –asegura su hermana, Adriana de Francisco–, plena. Una mujer madura, sumamente inteligente, íntegra, disciplinada, llena de virtudes que finalmente puede desplegar con seguridad, tranquila, más dueña de sí misma, convencida de que valió la pena todo lo que ha pasado”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Valió la pena. Atrás quedaron sus sueños de juventud, cuando ambicionaba ser una rutilante estrella. “Cuando fui famosa me di cuenta de que la fama no era tan divertida”. Hoy actúa, canta, ama y se divierte. Hoy, de alguna manera, es la mujer que siempre quiso ser. “Es una sensación ambigua. Jugué a mujer bella mucho tiempo, pero con los años te das cuenta de que la belleza es otra cosa. Me preocupo por estar bien, digamos que tengo un compromiso con la estética, me gusta rodearme de cosas bonitas y mirarme al espejo y ver una figura armoniosa; sin embargo, estoy en paz con mi edad, con las arrugas que van apareciendo, con los cambios que voy teniendo. No quisiera tener ni un año menos”. Suena el timbre. Es su profesora de canto. Tiene que comenzar el ensayo para una nueva temporada de su obra. El sol entra ahora con descaro por los amplios ventanales. Margarita coloca una silla en medio de la sala de su apartamento. Es el símbolo de su liberación.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

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Alejandro Ordóñez / El Procurador

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Alejandro Ordóñez, el Procurador General de la Nación, es el hombre detrás del intento por penalizar de nuevo el aborto en Colombia, iniciativa que acaba de archivar la comisión primera del Senado con 9 votos contra 8. ¿Quién es este hombre conservador de partido y de convicciones? Este es el perfil que Revista GENTE Colombia publicó en la edición de noviembre de 2010.

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot / Revista GENTE

El 15 de julio del 2005 la revista SoHo publicó una fotografía de la modelo Alejandra Azcárate semidesnuda, personificando a Jesucristo en una recreación de ‘La Última Cena’. A los pocos días, Alejandro Ordóñez Maldonado recibió una llamada de un amigo que le preguntó: “¿Usted no ha visto esa revista?”. Ante la negativa, le describió la fotografía.

“Quedó indignado. A la casa no la trajo”, cuenta Beatriz Hernández, su esposa desde hace 27 años. Y recuerda que sentenció: “Nadie se ha levantado contra esto. Ni siquiera la Iglesia misma. Lo voy a hacer yo como un ciudadano común y corriente”. Y lo hizo. La publicación fue demandada por un hombre de provincia que no dudó en hacer públicas sus férreas convicciones religiosas.

Esa fue la primera vez que su nombre tuvo eco en el país. La segunda fue el 11 de diciembre del 2008, cuando con una arrolladora votación en el Congreso (81 votos frente a 1 por el ex comisionado de Paz, Camilo Gómez) fue elegido Procurador General de la Nación.

Desde entonces este santandereano de 1,90 metros, el menor de cinco hermanos, el hijo amado de Miguel Ordóñez, “el niño de la casa”, dice su esposa y al que no le importa la marca de la corbata que lleva puesta, es tal vez el funcionario público que más aparece en los medios de comunicación después del presidente de la República, Juan Manuel Santos. Y siempre que lo hace levanta una polémica.

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

La lista es larga. Este año inhabilitó a la exsenadora Piedad Córdoba por 18 años, a ocho parapolíticos (tres por 20 años), al exministro del Interior y de Justicia, Sabas Pretelt de la Vega, por 12, y a Bernardo Moreno, exsecretario General de Palacio del gobierno Uribe, por 18. Pero al mismo tiempo pidió a la Corte Suprema que absolviera a Mario Uribe, el primo del expresidente Uribe y, en otra decisión, absolvió a Álvaro Araújo Castro, condenado por parapolítica. También le abrió investigación formal a Andrés Felipe Arias por las irregularidades de Agro Ingreso Seguro.

Pero, ¿cuáles son los orígenes de este hombre que pareciera que estuviera en una cruzada? De 56 años, a quien sus amigos le dicen ‘Lalo’, incursionó en la vida pública en su natal Bucaramanga como concejal, cuando apenas estaba en la universidad. Ha sido conservador de partido y de convicciones, aspiró a ser cura pero se decidió por la docencia y por una carrera en la rama judicial. Primero fue magistrado del Tribunal de Santander y luego consejero de Estado durante ocho años. Ya como Procurador, además de sus sonoros fallos se ha convertido en el mayor opositor de la sentencia de la Corte que ordenó despenalizar el aborto en casos especiales.

Por sus posturas y costumbres como viajar siempre con un rosario entre el bolsillo, rezar en latín y tener un reclinatorio en su habitación frente a un pequeño altar, lo han señalado de ser un peligro para la democracia, además de oscurantista, cavernario, camandulero, ‘facho’, fundamentalista y hasta inquisidor.

Pero nada de semejantes calificativos lo desvela. Y para sorpresa, a pesar del ruido que hace con sus decisiones, confiesa que no lee periódicos ni ve noticieros. Su esposa es quien le va contando lo que dicen en la radio y sabe que lo han criticado con dureza cuando ve a sus secretarias llorando en su despacho. “Como no encontraron en mi vida algo que lograra constituirse en un obstáculo para acceder al Ministerio Público, entonces trataron de crear este novelón”, dice con el tono reposado que lo caracteriza, sentado muy tranquilo en la sala de su apartamento en Bogotá.

Asuntos de familia

Hace 10 años que Alejandro Ordóñez Maldonado vive en el sexto piso de un edificio esquinero, en un barrio tradicional de Bogotá. Esa ha sido su casa desde que llegó de Bucaramanga, cuando lo eligieron consejero de Estado en el 2000. Y lo han acompañado las mismas cinco mujeres: Beatriz (su esposa), María Alejandra, Natalia y Ángela María (sus hijas de 24, 22 y 18 años), y Bety, la empleada desde hace 17 años.

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Su apartamento tiene entrada directa desde el ascensor y hay otra discreta por la cocina. Y ya tiene los adornos de Navidad: un árbol que alcanza el techo y tres pesebres. Tres cuadros de arte religioso  dan un ambiente místico. Su tradicionalismo viene desde cuando estudiaba en el Colegio San Pedro Claver en Bucaramanga y se destacaba por organizar grupos de estudio, por ser contradictor y el primero en echarse un discurso. También por ser devoto de la Virgen María. De esa época perduran algunos hechos que fueron sus pinitos como abogado.

Cristian Mora, uno de sus amigos de infancia, recuerda que en quinto de bachillerato había un sacerdote que se la tenía montada a uno de los alumnos. “El Procurador no dijo nada, pero le preparó una carta para que el joven la leyera en público. Hablaba sobre el respeto. Fue tan contundente que hasta ahí llegaron las molestias”, cuenta. Ese carácter decidido, además de la pasión por el estudio, lo heredó de Miguel Ordóñez, su padre, que a finales de los sesenta, cuando ya era un próspero panadero gracias a su fábrica de galletas La Aurora, se convirtió en noticia mundial al descifrar los jeroglíficos de la Isla de Pascua y lo nombraran miembro del Museo del Hombre de París.

La relación con don Miguel fue tan entrañable que solía decir: “Él es mi hijo muy amado en quien pongo todas mis complacencias”, cuenta la esposa de Ordóñez. Mientras él añade: “Era un hombre tímido, un científico, muy cristiano en su vida y en sus costumbres. Todos los días comíamos con él y rezábamos el rosario en familia. No era un conservador de partido pero sí de convicciones y yo soy su obra”.

Lo que se hereda…

Ya en la Universidad Santo Tomás, también en Bucaramanga, mientras estudiaba derecho, su fama de contradictor y católico practicante fue creciendo. Eduardo Muñoz, uno de sus profesores, dice que las discusiones eran grandes. “Mis choques con ‘Lalo’ en clase eran gordos porque mi concepción del mundo ha sido siempre más de izquierda. Y Alejandro si ahora es godo, imagínenselo a los 20 años. Yo me enteré, incluso, que un día le dijo a los curas que yo era muy liberalizante”, cuenta.

En esa época, cuando también fue concejal, ocurrió uno de los hechos que sus contradictores más le critican. Unos dicen que el hoy Procurador llegó a una biblioteca en Bucaramanga exigiéndole al director que le mostrara el inventario para ver si allí estaba la Biblia y solo apareció la protestante. Acto seguido, quemó ese y otros libros en un parque. Otros dicen que Ordóñez no estuvo ese día pero que se opuso a que se aprobara una partida en dinero para la biblioteca, porque la utilizarían para libros comunistas que había que quemar.

La versión del Procurador es la siguiente: “Lo de la quema de libros fue un 13 de mayo hace más de 38 años. Con amigos de la universidad decidimos salir en procesión. En una cancha de básquet rezamos un rosario y quemamos revistas pornográficas como un acto simbólico. El otro hecho sucedió cuando era concejal y un grupo de padres de familia acudió al director de la biblioteca para que no permitiera el acceso de revistas pornográficas. Me involucraron porque los que fueron eran amigos míos”.

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Más cerca de Dios

Recién graduado tomó una decisión sorpresiva. Alejandro Ordóñez, el líder de las juventudes conservadoras, el mismo que dedicó su tesis de grado a la Virgen María, se iba como seminarista a uno de los centros de monseñor Marcel Lefebvre en Suiza, creador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que muchos consideran el ala ortodoxa de la Iglesia católica. De ahí viene su práctica de rezar en latín.

En el seminario duró año y medio y alcanzó a vestir sotana negra. “Descubrí que no tenía la vocación y regresé. Luego me casé”, dice el Procurador. Pero su esposa confiesa que el motivo de su deserción fue el amor. “Regresó a unas vacaciones y me echó el ojo. Nos cuadramos pero decidió irse al seminario, luego me buscó, hasta que regresó”.

Cuando Beatriz lo conoció en la universidad ya era todo un personaje por sus convicciones. “Lo veía gigantísimo, muy amigo de los sacerdotes”, dice ella. El noviazgo duró dos años y hoy completan 27 de casados. Una foto sobre la mesa principal de la biblioteca los muestra en el momento en que reciben la comunión, el día de su matrimonio. Ella lucía una corona de plata que desde hace más de dos siglos utilizan las mujeres de la familia Ordóñez.

Tradicionalista fiel

Al regresar del seminario, Alejandro Ordóñez dictó clases en la universidad y al poco tiempo fue escogido por concurso como magistrado del Tribunal Administrativo de Santander, donde estuvo siete años. También fue vertical en sus ideas conservadoras. “La gente me preguntaba cómo podía ser amiga de un tipo tan godo”, dice Mariela Vega de Herrera, exmagistrada, en esa época por el Partido Liberal. “Yo lo molestaba diciendo: ‘¡Que viva la caverna!’”.

Cuando llevaba cuatro años en Bogotá como consejero de Estado y lo eligieron presidente de esa institución, quitó un cuadro del General Santander que había en la sala plena del Consejo, para colgar un crucifijo. El Procurador dice que lo hizo por petición de varios consejeros. “Es un escándalo tonto. En el 80 por ciento de los despachos públicos en Colombia hay un crucifijo. Recogí 50 mil pesos por cada magistrado y participaron 18 de los 27. Mandé a mi mujer a un anticuario para que comprara un crucifijo que costó cerca de dos millones de pesos. Dieron plata liberales, masones, agnósticos y católicos”, dice.

Luego vino la demanda contra SoHo y un particular nombramiento en el 2006, como integrante de la Orden de la Legitimidad Proscrita, que le hizo el príncipe don Sixto Enrique de Borbón-Parma, carlista aspirante al trono de España que lidera un grupo llamado la Comunión Tradicionalista. Por todo lo anterior, cuando inició su campaña a la Procuraduría en el 2008, muchos lo criticaron. “Entregué a los congresistas una memoria con más de 20 mil providencias y les dije: ‘si encuentran que confundo el ejercicio de mis funciones con mis convicciones religiosas, no voten por mí”. Una semana antes de la elección pensó que fracasaría por los artículos en su contra que publicaron los medios. Pero sucedió lo impensable.

Convicciones incendiarias

A lo largo de los casi dos años como Procurador, cada tanto sus convicciones han vuelto a ser noticia en asuntos tan espinosos como el aborto y el matrimonio entre homosexuales, del que dijo: “No hay matrimonio ni tampoco familia”. Pidió que se anulara el fallo de la Corte Constitucional que promueve educar en derechos sexuales a los bachilleres y afirmó que “aunque la ley no lo considera formalmente como un delito de lesa humanidad, el aborto materialmente sí lo es. Es atentar contra la familia y en ese sentido sería un atentado contra la humanidad”.

También dijo que la llamada píldora del día después es abortiva y violatoria del derecho a la vida, por lo que cientos de mujeres protestaron gritando: “Monseñor procurador, no meta su rosario en nuestro ovario”. Hasta el excandidato presidencial Gustavo Petro se arrepintió de haber votado por él. A todo eso, el Procurador responde: “Yo en eso no tengo vergüenza, soy un sin vergüenza de mis convicciones religiosas, de las jurídicas, de las políticas, de las morales, porque la Constitución me lo permite”.

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Tal vez como nunca, los colombianos están interesados por saber cuántas investigaciones adelanta la Corte Suprema al Procurador y él no duda en responder. “Cuarenta”, contando la que hace seis meses le abrieron por el caso de Piedad Córdoba. “Me critican porque absuelvo, me critican porque condeno, y me tendrán que seguir criticando porque voy a seguir absolviendo y condenando”.

A sus detractores les dice: “No sean sectarios, porque en una sociedad incluyente, como es la nuestra, hasta los católicos tenemos derecho, no solamente de pagar impuestos sino de acceder a los cargos públicos sin dejar de ser lo que somos”. Mientras tanto, este hombre que pronto presentará en el Congreso un proyecto de ley que busca proteger la libertad de conciencia, seguirá siendo devoto a San Benito y no le importará que cada vez que pase por un detector de metales, un pito alerte a la Policía por culpa de su rosario.

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James Rodríguez / Perfil

James Rodríguez / Foto: Luis Ramírez para Revista GENTE

Este es el perfil del joven jugador colombiano James Rodríguez, publicado por Revista GENTE Colombia en su edición de julio de 2011 (fue el tema de portada. En este enlace pueden ver la edición impresa, página a página). Vale la pena recordar la historia de este cucuteño que hoy fue la gran figura de la Selección Colombia que venció a Bolivia 1-2 en La Paz, en su primer partido en las eliminatorias al Mundial de Brasil 2014. ¡Empezamos con pié derecho! Y James se ganó la titularidad.

Por José David Rodríguez S. / Editor de Deportes de Noticias RCN*

El corazón del cucuteño James David Rodríguez Rubio es un músculo bien entrenado. Él sabe que a las 9 de la noche de este sábado 30 de julio, cuando la Selección Colombia debute ante Francia en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA, puede alcanzar los 170 latidos por minuto. Sus pulsaciones aumentarán por cuenta de la alegría y la presión. En el campo tendrá que demostrar el porqué, a sus 19 años, se habla de él como el futbolista nacional con el futuro más promisorio. Desde Portugal estarán observándolo los directivos de su equipo, el Porto –quienes lo cuidan como a su nueva joya–, los defensas de los equipos contrarios lo esperarán con sus guayos afilados, y el país estará pendiente de que el equipo conducido por él –que lleva la camiseta número 10– consiga el máximo sueño: su primera Copa del Mundo.

En un día normal, relajado, los latidos de este hábil volante de 76 kilos y 1,80 metros, no son más de 50 por minuto. El ritmo de su corazón es una metáfora de su vida de ascensos fantásticos y, en algunas ocasiones, caídas libres, de las que ha salido indemne por su asombrosa madurez. “Lo importante es tomarse las cosas con tranquilidad. Si uno es responsable, finalmente, todo sale bien”, dice con un acento difícil de enmarcar, pues se ha criado en media docena de lugares diferentes. El pasado 28 de junio, por ejemplo, vivió en la soledad uno de los días más intensos. Aquel martes madrugó junto a su bella y joven esposa de 18 años, Daniela Ospina Ramírez –se casaron por lo civil el pasado 24 de diciembre–, con la tristeza que acompaña a las despedidas y la ansiedad propia de un logro profesional siempre soñado. Esa mañana dejó su casa en Medellín para abordar un avión que lo llevaría a tierras portuguesas, donde firmaría con el Porto F.C. su nueva cláusula de rescisión por 60 millones de dólares. Este es, hasta ahora, el ‘blindaje’ más alto que se ha pagado por un futbolista colombiano de su edad, así el club se asegura que otros equipos poderosos que pretenden a James, como los italianos Milan e Inter, entiendan que el chico es intransferible.

James Rodríguez / Portada Revista GENTE Colombia / Julio de 2011

En el aeropuerto de Rionegro se quedó Daniela (la dueña del corazón de James), quien lo acompañó durante la sesión fotográfica con GENTE en la capital paisa, pero no viajó con él a Europa porque, como también es una consagrada deportista, tenía que jugar varios partidos con la Selección Antioquia de Voleibol. Es alta, espigada, ágil, disciplinada y está preseleccionada para representar a Colombia en el Suramericano de Mayores, certamen donde se disputarán los cupos a los Juegos Olímpicos de 2012 en Inglaterra. Si todo sale como Ospina y Rodríguez sueñan, el próximo año podrían coincidir en Europa, llevando cada uno en su equipaje la bandera de Colombia. Gran orgullo para una pareja que simboliza una generación que le apuesta a la vida sana. “Aunque son muy jóvenes, fue muy lindo verlos casarse porque hay tanto amor entre ellos que inspiran una seguridad a toda prueba”, dice Jorge Iván Correa, director ejecutivo de la Liga Antioqueña de Voleibol. “Existe esa imagen errada de asociar a los jóvenes de Medellín con la problemática social. Yo conozco cientos de casos como el de James y Daniela, que a diario se dedican al deporte, a la vida sana, a ser muy buenas personas”, añade.

Antes de llegar a tierras lusas el volante hizo una obligada escala en el aeropuerto Eldorado de Bogotá. Ahí se enteró de que el hermano de Daniela, el arquero de la Selección Colombia de Mayores, David Ospina –de lejos, el mejor guardameta del país–, tenía una seria lesión en la nariz por cuenta de un desafortunado choque, sufrido en el entrenamiento, con el delantero Hugo Rodallega. Además de ser su cuñado, el portero es uno de sus mejores amigos, por eso, al enterarse de la noticia, Rodríguez llamó a su esposa para recomendarle que lo cuidara mucho porque, como lo conoce tan bien, sabía que David iba a pasar un mal rato al ser marginado de la Copa América por una jugada tan insólita.

James Rodríguez / Foto: Luis Ramírez para Revista GENTE

James cuida a sus amigos. Es un joven de buen humor, amante de la salsa (que nunca falta en su iPod), extrovertido, pero algo tímido con los medios –durante las diez horas que duró el vuelo a Portugal permaneció aislado–. David lo define como: “una excelente persona”. Y siempre está pendiente de su familia. Cuando viaja le pide a Dios por su hermanita, Juana Valentina Restrepo, de 13 años; por su mamá, María del Pilar Rubio, de 41, y por su padrastro, Juan Carlos Restrepo, de 46. Quienes lo conocen dicen que los rasgos de la personalidad de Rodríguez son una copia auténtica de este hombre: educado, sencillo y muy trabajador. Por su sangre, sin embargo, corre una fuerte pasión por el fútbol y unas habilidades extraordinarias que heredó, no cabe duda, de un futbolista que hace un par de décadas también hizo gritar al país de emoción.

Padre e hijo

Hay una vieja historia que vale la pena recordar. Ocurrió el 24 de agosto de 1985, en la lejana República de Armenia (antigua Unión Soviética). Aquella tarde, la Selección Colombia juvenil usó un uniforme blanco, adornado con el tricolor terciado al pecho, para debutar ante Hungría en el Mundial de su categoría. En el minuto 89, Colombia caía dos goles a uno y agonizaban las esperanzas de sacar el empate. En ese instante, un muchacho originario de tierras cafeteras también llamado James Rodríguez gastó su última fuerza con un poderoso y preciso derechazo de 25 metros que venció al arquero Zsolt Petry. El eco del grito del gol atravesó Europa, pasó por el océano Atlántico y llegó hasta aquí diáfano y potente para hacer saltar de alegría a un país entero.

En la memoria de los aficionados está vivo el recuerdo de aquel equipo dirigido por Luis Alfonso Marroquín, a quien se le debe la emancipación del fútbol colombiano. Aquel técnico antioqueño prendió la chispa de la revolución en unos jóvenes llenos de talento que previamente en el Suramericano superaron el miedo ante los entonces venerados Brasil, Argentina y Uruguay. Por esa época, el país disfrutaba de las gambetas de John Édison Castaño y de los goles de John Jairo Tréllez. Junto a ellos apareció una leyenda que le cambió el sentido al puesto de arquero, el irreverente René Higuita, un adelantado del puesto que desde entonces convivió en el límite de la hazaña y el fracaso. En esa cruzada mundialista, los juveniles en la ex Unión Soviética superaron la primera fase aunque luego en cuartos de final cayeron 6-0 ante Brasil.

Selección Colombia de Marroquín / Foto: cortesía 'bestiariodelbalon.com'

Aquel número 18 que marcó el golazo en la lejana Ereván (capital armenia) es el padre biológico del actual capitán de la Selección Colombia Sub-20: James Rodríguez (el papá de James está en la hilera inferior de la foto, es el segundo de derecha a izquierda, al lado del ‘Pony’ Maturana). El hijo conserva los rasgos del papá, pero su evolución futbolística rebasa a la del viejo. Los logros del esposo de Daniela superan toda comparación familiar, en su pasada temporada con el Porto F.C. fue campeón de la Liga Europea (el segundo certamen futbolero en importancia en Europa), y obtuvo tres títulos en Portugal: la Liga, la Copa y la Supercopa. En la final de este torneo James marcó tres goles, lo que puso su corazón con una frecuencia cardiaca de más de 170 latidos por minuto. Su imagen salió en la primera plana de los principales medios del Viejo Continente. Fue la realización de una ilusión que empezó cuando jugaba al fútbol en las calles de los barrios donde vivió su infancia.

Como sus padres se separaron, el pequeño James tuvo unos años de andariego. Nació en la calurosa y fronteriza Cúcuta el 12 de julio de 1991, pero su familia viajó al centro del país, a Ibagué, y de nuevo a Medellín donde se formó futbolísticamente. Allí asombró a quienes veían su habilidad con la pelota en los torneos infantiles. El Envigado F.C. lo llevó a sus filas y fue allí donde pulió una de las destrezas más valiosas que heredó: la media distancia. Quizá porque creció con el siglo, la dinámica es otra de sus virtudes. Su carrera está marcada por la precocidad, que aparece en cada paso de este mediocampista zurdo. A los 15 años debutó con Envigado y un año más tarde celebró su primer gol como profesional en el Torneo de Ascenso de Colombia. A los 17, mientras la mayoría de jóvenes no sabe qué hacer con su vida, él se fue al extranjero a trabajar: firmó con el Banfield de Argentina. Otra vez, como es su costumbre, dejó el registro de ser el foráneo más joven en jugar, en marcar un gol y en coronarse campeón de la liga argentina.

El talentoso dragón

La historia del colombiano, llena de gambetas y jugadas espectaculares, traspasó el Atlántico y a punto de cumplir los 19 años se vistió con la camiseta de los ‘dragones azules’ del Porto. El 6 de julio del 2010, el cuadro portugués le pagó al Banfield 5 millones 100 mil euros por el 70 por ciento de su pase y acordaron un contrato de cuatro años. Cinco meses después, los dividendos llegaron a las arcas del club porque el número 19 debutó en la Liga de Europa y en el mismo partido festejó su primer gol. Aquella noche, Porto venció 3-1 al equipo de los militares búlgaros, el CSKA de Sofía.

El joven James Rodríguez, quien llegó para adaptarse al fútbol y a la vida europea, en menos de seis meses se convirtió en una variante obligada del portugués André Villas-Boas, uno de los técnicos más cotizados de Europa, y quien ahora se encuentra al frente del glamoroso Chelsea. Los ‘dragones’ resultaron indomables en la liga portuguesa y con dos meses de anticipación, Porto se coronó campeón invicto en 30 partidos. En Dublín, el miércoles 18 de mayo, los tres mosqueteros colombianos, Falcao García, Fredy Guarín (quienes disputan la Copa América con la Selección de Mayores) y James Rodríguez, se quedaron con el trofeo de la Liga de Europa. Cuatro días después fue cuando llegó el mejor partido del cucuteño. En la final de la Copa de Portugal, una tripleta del colombiano selló la goleada 6-2 ante Vitoria Guimaraes.

James Rodríguez / Revista GENTE Colombia

Los números lo comprueban, Rodríguez es una máquina que fabrica goles. En la pasada campaña sumó siete anotaciones y 16 asistencias para gol, cifras que convencieron al Porto para comprarle al Banfield argentino lo que faltaba de su pase. Los portugueses desembolsaron 7 millones 350 mil euros para ser los amos absolutos de su máxima promesa. Luego vino la cláusula de rescisión de 60 millones de dólares, una cifra que puede parecer escandalosa, pero para el mediático fútbol europeo es “normal”. La política de los ‘dragones azules’ es comprar barato y vender muy caro. Si es exitoso el proceso de maduración de James Rodríguez el club portugués podría triplicar el valor de su talento más prometedor. El monto, sin embargo, a él no lo trasnocha. “Para nada, creo que uno tiene siempre una responsabilidad que es la de hacer siempre todo bien. Y eso es lo que seguiré haciendo. Por eso, estoy tranquilo”.

La clave de James está en su sencillez. Así, por ejemplo, lleno de fama y trofeos se puso el overol otra vez y llegó a la ribera francesa a asumir otro reto. El ganador de cuatro coronas en Portugal debería encarrilar a una Selección que fracasó en el Suramericano de Perú. Allí encontró a un grupo dividido por disputas internas y por el regionalismo. En el Torneo Esperanzas de Toulon, Colombia necesitaba un capitán dentro y fuera de la cancha. Y el fútbol de James Rodríguez resultó el mejor oxígeno para la Selección. Pasó de ser un equipo que naufragó sin ideas en el Suramericano a llevarse el tercer título en la Costa Azul. El número 10 y la franja roja de capitán brillaron y le devolvieron al equipo la confianza para el Mundial Sub-20.

Con el líder perfecto, las acciones cafeteras empezaron a subir. James encontró a un socio en el mediocampo: Edwin Andrés Cardona, el volante de Atlético Nacional, autor de tres goles en Toulon. El otro diamante de la Selección nació hace 18 años en Medellín y es una promesa más que se verá en este Mundial Sub-20. Es contundente para definir y lleno de ideas a la hora de crear. Condujo a Colombia al subtítulo del Suramericano Sub-17 de Chile y, de paso, al Mundial de Nigeria 2009. En el sur del continente, Cardona hizo moñona al ser elegido el mejor jugador del torneo y ganar el Botín de Oro por sus siete goles. Si bien el dúo Rodríguez-Cardona es una buena cuota de talento y gol, la Selección que dirige Eduardo Lara cuenta con otras varias razones para soñar. Por primera vez un equipo nacional tiene un proceso de preparación con más de 30 partidos internacionales. Seis jugadores que formaron parte del proceso juegan en el exterior: James Rodríguez (Porto, Portugal), Luis Fernando Muriel (Udinese, de Italia), Fabián Castillo (Dallas, de  Estados Unidos), Michael Ortega (Atlas, de México), Jeison Fabián Murillo (Granada, de España) y Luciano Ospina (Huracán, de Argentina). Además, la Sub-20 recibió un legado de 25 años, en los que Colombia clasificó a seis de 13 campeonatos del mundo.

La fiesta mundialista

Todo está listo para que James ratifique su buen momento sobre el césped del estadio El Campín, de Bogotá, el próximo 29 de julio. Su cuñado, David, más sereno y en plena recuperación de su insólita lesión quiere volver a ratificar que es su mejor hincha. Quizá muy pronto, ambos estarán defendiendo la camiseta nacional en la misma cancha, seguramente, en las eliminatorias al Mundial de Brasil. Pero reconoce que el protagonista del momento es Rodríguez. Daniela también lo sabe: “Vamos a apoyarlo, ¡vamos Colombia con nuestra selección!”. Y aclara que es una de las hinchas más fervientes de James no solo porque es un extraordinario deportista sino porque es una persona excepcional. “Es un ser humano lleno de valores difíciles de describir es, simplemente, maravilloso”. Ella no tiene dudas: “¡Vale más que 60 millones de dólares!”, le dice a GENTE con humor.

James Rodríguez y su esposa, la voleibolista Daniela Ospina / Foto: cortesía Daniela Ospina

Las cartas están echadas. Por primera vez el país organiza una Copa Mundo para la FIFA, con el propósito de ser sede de un torneo de mayores. Los escenarios están listos. El público palpita y vive el Mundial. Ahora el balón está en el terreno de los futbolistas que –guiados por ese muchachito– saben que pueden hacer historia. “Yo tengo el sueño de ganar la Copa del Mundo, no solo para los jugadores sino también para todo el país. El Mundial debe ser una fiesta”, dice con una tranquilidad asombrosa. Aunque cuando toque la pelota, su corazón estará a 170 por minuto.

*Con reportería de Sheila García, corresponsal de Noticias RCN en Medellín

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GENTE / Octubre de 2011 / Madonna

Madonna / Portada GENTE / Octubre de 2011 / Fotografía: ©Steven Meisel / Arts + Commerce

Madonna es la estrella de la portada del mes de octubre de 2011 de Revista GENTE Colombia. La ‘Reina del Pop’, la diosa de la reinvención, la mujer de 53 años que desde hace tres décadas domina el panorama musical, estrena su película W.E., prepara nuevo disco y alista un perfume. La intérprete de Holiday, habló en Toronto (Canadá), cara a cara, con el enviado especial de GENTE, Mario Amaya. El reportaje está acompañado de un set de imágenes de lujo, realizadas por Steven Meisel –uno de los fotógrafos más importantes del mundo y amigo íntimo de la diva–, quien la había retratado para su polémico y erótico libro Sex (estas fotos, las mejores de Madonna en los últimos tiempos, fueron publicadas  en Vanity Fair, GENTE compró los derechos de las mismas para Colombia). ¿De qué habló la ‘Chica Material’?  ¿Cómo es estar con Madonna frente a frente? ¿A qué huele? ¿Cuáles son sus diseñadores de moda favoritos? ¿Qué dice de las obsesiones? Todo eso podrán leerlo en el número de Revista GENTE Colombia que comienza a circular este viernes 7 de octubre.

Además: Vicky Dávila, en su columna, le pregunta al presidente del Senado, Juan Manuel Corzo: ‘¿Por qué no te callas?’; visitamos el pueblo colombiano –La Jagua, Huila– donde viven las brujas (¡de que las hay, las hay!), cubrimos el último trecho de carrera que se disputan los candidatos Gina Parody, Gustavo Petro y Enrique Peñalosa por la alcaldía de Bogotá, ¿quién ganará?; y la historia de San José de Uré, uno de los municipios que más recibía regalías en el país, pero estaba inundado de pobreza y corrupción. También en esta edición: conozcan a nuestra ‘Dama del espacio’, Adriana Ocampo, la colombiana de la NASA; entrevista con Johana Acosta, una mujer víctima del racismo que, luego de habérsele negado la entrada a un conocido bar en Cartagena, espera ser una de las primeras cobijadas por la Ley antidiscriminación; el calibre del ‘Tigre’ Radamel Falcao, que ruge en la Liga Española. Del lado más sexy, les presentamos a Milla Sánchez, la sensual salvavidas de ‘Duro contra el Mundo’. De la televisión y el teatro: Juan Pablo Espinosa, de El secretario, Carolina Ramírez, quien vuelve al teatro con el montaje Toc Toc; Cony Camelo, quien repite en el Factor Xs; Isabella Santo Domingo posó y escribió ‘al natural’ para GENTE. Ah, ¿saben quien es el colombiano que puede ganar miles de dólares en un día usando unas cuantas cartas?, descúbranlo aquí. Recorran el menú temático de nuestra edición de Octubre de 2011 a través de las siguientes imágenes.

Brujas. / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

A pesar de lo que piensan los incrédulos, las brujas existen. Eso lo comprobó GENTE en La Jagua, un pueblo a dos horas de Neiva, en donde se les encuentra en cada esquina. A propósito de la celebración de ‘Halloween’, qué mejor que leer esta crónica exclusiva.

Gina, Petro y Peñalosa. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

¿Qué piensan, qué hacen, qué disfrutan, qué aman y qué no soportan los candidatos con mayor opción a ocupar el segundo puesto más importante de Colombia, el de alcalde mayor de Bogotá? GENTE los acompañó por la ciudad y encontró reveladores rasgos del gobernante que decidirá el destino cotidiano de los habitantes de la capital del país.

Pueblo rico, pueblo pobre. / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

Con sus cinco calles destapadas, San José de Uré es el municipio más joven del país y gracias al níquel es potencialmente uno de los más ricos. Sin embargo, la plata de las regalías se esfumó –el alcalde, hoy preso por intentar desviar 8.000 millones de pesos de la salud–, las bacrim rodean al pueblo y una escandalosa cifra de candidatos promete el paraíso: hay 117 aspirantes al Concejo y ocho a la Alcaldía. Crónica política de GENTE en la otra Colombia.

Adriana Ocampo / Foto: Archivo particular.

Adriana Ocampo es colombiana, geóloga planetaria y trabaja en la NASA. Es la directora de la primera misión espacial a Júpiter, impulsada por energía solar. Si todo sale bien, Juno –así se llama la nave que lidera– revelará qué hay en el planeta gigante. Perfil de GENTE de una mujer que, literalmente, vive en las estrellas.

Johana Acosta. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Esta joven abogada, que libra una larguísima y extenuante batalla legal contra los propietarios de dos establecimientos públicos de su natal Cartagena en donde le negaron el acceso por su color de piel, conversó con GENTE a propósito de la nueva Ley que penaliza cualquier acto de discriminación en Colombia.

Madonna / ©Steven Meisel / Art + Commerce

Tiene 53 años y su reinado sigue vigente. Madonna acaba de estrenar película, ‘W.E.’, trabaja en las composiciones de su nuevo álbum, planea lanzar el perfume: ‘Truth or Dare’ y se rumora que será la principal estrella del Super Bowl en febrero de 2012. La madre de cuatro hijos, la exesposa de dos estrellas de cine, el demonio según los papas, repasó su carrera, nos contó sobre su gran amor y su filosofía de vida. La ‘Reina del Pop’, cara a cara, con GENTE

Radamel Falcao. / Foto: AP.

A pesar de la contundente derrota ante el Barcelona (5-0) en el Nou Camp, Radamel Falco García demostró con sus primeros zarpazos que será uno de los protagonistas de la exigente Liga de España junto a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Y mientras lo ovacionan en la cancha, su vida en Madrid sigue siendo la de un muchacho tranquilo y sencillo.

Milla Sánchez. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Quizás el nombre no les suene mucho, pero si les decimos que esta hermosura llanera de 25 años es la salvavidas del programa concurso ‘Duro contra el mundo’, la cosa cambia, ¿no? Las noches de los sábados nada serían sin ella en sus pequeños biquinis.

Juan Pablo Espinosa. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Es el protagonista de la comedia ‘El Secretario’, de Canal Caracol. Pero, hace siete años, cuando regresó al país tras estudiar en el Emerson College, en Boston, estaba era listo para mostrar sus conocimientos de la actuación clásica. Sin embargo, se encontró con que a los directores de ‘casting’ les interesaba más el estado de sus abdominales.

Diana Mina. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Está a punto de entregar la corona que la certifica como tercera princesa en el Concurso Nacional de Belleza. Ha sido un año duro. Su elección como representante de la Capital a este certamen estuvo llena de polémicas. Algunos la llamaron a su casa a insultarla, a decirle que una ‘negra’ no podía representar a los bogotanos.

Isabella Santodomingo. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Es actriz, madre de una adolescente rockera, presentadora de televisión, jurado de ‘Protagonistas, el Reality’ (de Univisión) y creadora de la saga ‘Los caballeros las prefieren brutas’ –su segunda temporada se estrena el 13 de octubre por el canal Sony–. La barranquillera escribe para GENTE sobre sus días en patines, sus reflexiones frente al mar, su maestría en almohadas y las mañanas de ordeñar vacas.

Mayú Roca. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Es el mejor jugador profesional de póker de Colombia. Tiene 24 años, ha llegado a ganar hasta 200 millones de pesos en un torneo, acaba de recibir su primer brazalete en el World Championship of Online Poker y es uno de los favoritos para terminar a la cabeza del Latin America Poker Tour, que se realiza en Medellín (entre el 12 y el 17 de octubre). ¿Cuestión de suerte? No, de práctica, intuición y constancia.

Carolina Ramirez. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Después de ‘La Pola’, la actriz caleña (28 años) regresa al teatro en la comedia ‘Toc Toc’, que ha sido un éxito en Argentina, México, Brasil y España. Interpreta a Lilí, una mujer que no puede evitar repetir cada frase que dice. Recargada, reflexiva y relajada, la exbailarina de Incoballet nos contó por qué ella es un ‘Cisne Negro’.

Cony Camelo. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

La recordada actriz de ‘Los Reyes’ no pierde el tiempo: regresó a los dramatizados en una nueva versión de la telenovela argentina ‘La malparida’ –producida por Fox Telecolombia para el Canal RCN–, participa en la segunda temporada del ‘Factor Xs’, realiza un proyecto de teatro de improvisación y prepara el lanzamiento del primer álbum con sus composiciones. Y le queda tiempo para divertirse posando para GENTE.

Homenaje. / Fotos: EFE y Canal Starz.

Andy Whitfield, protagonista de la exitosa serie ‘Spartacus’, murió hace unos días. Así se unió a una lista de jóvenes y talentosas figuras del cine mundial a los que la muerte sorprendió en la cúspide de sus carreras. Al contrario de sus creadores, sus personajes de ficción vivirán para siempre. Homenaje de GENTE.

DiverGENTE. / Por: Arias y Troller © Revista GENTE Colombia.

DiverGENTE. / Por Arias y Troller © Revista GENTE Colombia.

Vicky Dávila. / Revista GENTE Colombia.

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Steve Jobs (1955-2011)

A los 56 años, falleció el gran cerebro creador del mundo Apple. Este es el perfil sobre Steve Jobs que escribió nuestro colaborador Álvaro Montes, para la edición de febrero de 2010 de Revista GENTE Colombia.

Steve Jobs / Revista GENTE Colombia / Febrero, 2010 / Foto: Zuma

Si alguien se parece a la popular figura mitológica del Ave Fénix que tanto se utiliza para referir a quienes vuelven de la muerte, ese es Steven Paul Jobs. La misma semana en que nació fue rechazado dos veces, primero por sus padres biológicos, dos jóvenes universitarios que lo entregaron en adopción, y enseguida por los primeros candidatos a padres adoptivos, una pareja de abogados de San Francisco, que a últimahora cambiaron de parecer y prefirieron buscar una niña. Estuvo en las oscuras cavernas de la drogadicción durante su vida juvenil, de donde salió de milagro y en su vida adulta, después de ser sacado a patadas por sus propios amigos y socios de la empresa que él fundó y llevó a la cima, regresó para levantarla otra vez y triunfar en los negocios. Hace apenas un par de semanas, tras vencer una enfermedad que casi lo lleva a la tumba, regresó al escenario para presentar el último juguete de Apple, el celebrado computador tipo tablet bautizado iPad. No hay manera de vencerlo. “Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida”, suele decir. Es un boxeador que es difícil de tirar a la lona. Y cuando ocurre vuelve a levantarse. Eso parece estar relacionado con el hechizo que siempre sintió por la figura de Cassius Clay. Steve Jobs nació un 24 de febrero de 1955, el mismo día en que el entonces joven boxeador venció a Sonny Liston y dio inicio a su leyenda.

Años después, cuando Apple comenzó a brillar en el negocio informático, Cassius Clay sería la imagen de la campaña publicitaria “Piense diferente”, con la que Jobs quería mostrar a los consumidores de todo el mundo que su marca era otra cosa y que la consabida beligerancia de Muhammad Ali inspiraba muy en el fondo al creador de los computadores Mac. Jobs nació en el lugar apropiado en la época indicada. A comienzos de los años sesenta, Palo Alto, en California, empezaba a convertirse en epicentro de la industria electrónica mundial y con apenas 12 años, Jobs tuvo el olfato para comprenderlo.Conoció allí el computador –inventado hacía mucho tiempo– cuando participaba en las reuniones del club de exploradores de Hewlett-Packard, en Cupertino. Fue un amor a primera vista con el reino del silicio y del que jamás se separaría. Fue allí, en ese club de niños interesados en la tecnología, en donde encontró a un personaje que sería clave en su vida: Steve Wozniak, un agudo y talentoso prospecto de ingeniero, con quien fundaría más adelante Apple Inc.

El padre adoptivo de Jobs, un obrero de San Francisco, se esforzó para asegurarle un futuro universitario y de hecho lo logró al enviarlo a la costosa Universidad Reed College, en Oregon. Para eso, invirtió todos los ahorros de su vida proletaria. En ese punto salió el lado oscuro de Steve Jobs. Abandonó los estudios al terminar el primer semestre y se dedicó a vagabundear por los pasillos de la universidad, dormía en el suelo y se alimentaba con los desechos de comida en los restaurantes. “Fue bastante aterrador en ese momento, pero mirando hacia atrás fue una de las mejores decisiones que tomé. Apenas me retiré, pude dejar de asistir a las clases obligatorias que no me importaban y comencé a asistir a algunas a las que se veían interesantes”, confesaría mucho después. De regreso a casa y en contacto de nuevo con su amigo de infancia Steve Wozniak, fundaron juntos Apple, en el garaje de sus padres, y empezaron a crear computadores personales, convencidos de que en algún momento este tipo de máquinas, una rareza por esos días, llegarían a ser más o menos populares. Steve tenía entonces 20 años y antes de cumplir los 30 Apple valía 2.000 millones de dólares y empleaba 4.000 personas y su principal producto, el legendario Macintosh, era ya un hito.

Steve Jobs / Foto: Zuma

No obstante, también puede verse el vaso medio vacío. Arrogante a más no poder, jefe despótico, negociante despiadado, megalómano irredimible e irritantemente egoísta, son algunas de las definiciones que de él hace Steve Wozniak, el genio tecnológico detrás del trono. Sin embargo, él a medida que crecía empresarialmente se hizo inmune a las críticas. “No hay que permitir que el ruido de las opiniones ajenas silencien la voz interior de uno. Hay que tener el valor de seguir el corazón y la intuición. Todo lo demás es secundario, decía Jobs. Protegido por esta coraza, en los primeros años dorados de Apple, por los días en que inventó la computadora Macintosh, a principios de los ochenta, su egolatría estaba en plena efervescencia. Se daba el lujo de recibir con los pies descalzos sobre el escritorio a los ejecutivos de IBM y otras grandes compañías que querían hacer negocios con él. En las noches de verano, convocaba a sus empleados a la playa y les hablaba con el mar a la espalda sobre sus visiones del futuro de la tecnología. “Se creía Jesucristo”, dijeron de él. Y esa actitud le llevó al descalabro, porque mientras su eterno archirrival Bill Gates –nacido también en 1955 y con quien llevó vida paralela de competencia personal y odio comercial– se adaptaba a las tendencias de la industria y participaba en el naciente mercado del PC de estándares abiertos, Jobs mantuvo la propiedad exclusiva sobre las tecnologías Mac, lo que hizo que sus productos fuesen más costosos e incompatibles con el resto del ecosistema informático.

Apple se quedó con el 2 por ciento del mercado y sus propios socios decidieron despedirlo de la empresa que él mismo había fundado. “Fue devastador –confesó en un discurso ante estudiantes de Stanford hace poco– había desaparecido aquello que era el centro de mi vida adulta”. Pero regresó cinco años después, volvió para ser el dueño y poner a Apple en el puesto en el que está hoy, una de las industrias más pujantes del momento. “No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman”, sentenció. Adorado como un profeta, sus admiradores en todo el mundo le han endilgado méritos que él no tuvo. Sus fans le tienen por inventor del cine de animación, creador del sistema de ventanas y del ratón de computador y hasta inventor de los reproductores de música digital. La revista Fortune lo calificó hace poco como el empresario de la década, a pesar de que no figura en las famosas listas de los más ricos del mundo. Nada mal para un hombre que en realidad no ha inventado nada. El sistema de ventanas, el ratón y otras novedades del primer computador Macintosh las copió –sin derecho– de los laboratorios Xerox en Palo Alto, a donde los ingenuos ingenieros de Xerox lo invitaron cierta vez para mostrarle los proyectos experimentales que este laboratorio estaba preparando.

No hay un solo producto de Apple que no esté basado en una idea original de otra compañía. ¿Entonces cuál es el secreto de su éxito? Jobs tuvo la capacidad innovadora para mejorarlos y ofrecer un resultado superior e irresistiblemente atractivo. El iPod, con su deliciosa rueda, el MacBook Air que cabe en un sobre de correo, la película Toy Story, la tienda iTunes que vende canciones a 90 centavos de dólar, y el teléfono iPhone con su suave pantalla táctil hacen parte de esas refinadas delicias de la tecnología que solo pueden compararse con una exquisita fragancia. “Me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: ‘Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?’. Y cada vez que la respuesta ha sido ‘no’ por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo”, dice para mostrarse como un inconforme. Jobs se metió en la industria del cine, sin saber nada de eso, y triunfó como ningún otro con sus estudios Pixar, al punto de que Disney tuvo que hacerlo socio, so pena de sucumbir. Retó a las más poderosas industrias de teléfonos móviles, un segmento en el que también era un completo novato, y hoy les atormenta la vida con su teléfono iPhone; y triunfó en la venta de música, sin experiencia alguna en esa materia.

La última vez se le vio, hace dos semanas, en vísperas de su cumpleaños número 55 y después de superar un cáncer de páncreas, presentando ante las cámaras de televisión su último gadget y anunciando una nueva campaña quijotesca: quiere conquistar el mundo de los libros electrónicos, en donde Amazon es el rey. Una frase que pronunció alguna vez cuando un técnico lo contradijo sobre la viabilidad de uno de sus nuevos proyectos, lo retrata en toda su dimensión: “En mi vida no está la palabra imposible”.

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